viernes, 9 de noviembre de 2012

Sencillamente lo que soy

Dicen que ha cierta edad las mujeres nos hacemos invisibles, que nuestro  

protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.

Yo no se si me habre vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfrute tanto de cada momento de mi existencia como ahora.

Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas, descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas. Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás.

Y a pesar de ello quererme mucho. Cuando me miro al espejo. No busco la que fui. Sonrío a la que soy ahora. Me alegro del camino andado, asumo lo no conseguido, y siento que debo saludar a la joven que fui con cariño, pero dejarla a un lado porque ahora me estorba.

Su mundo de ilusiones y fantasía, ya no me interesa.

sábado, 13 de octubre de 2012

Siempre que me hablas

Intento escucharte, pero mi mente se marcha con mis pensamientos. Mientras te escucho, puedo leer, escribir, fregar y hasta cocinar. Tú sigues y sigues, y de vez en cuando, te interrumpo y como si te hubiera escuchado, te contesto con un ¡si claro! ¡Pues déjalo, no importa!

Me hablas de ti, de papá, de tus hijas. Me cuentas historias de hace años, de las veces que íbamos a la playa, de los veranos en el campo... de lo felices que eramos y de lo bien que lo pasábamos.

 

De una caja de zapatos de Diego, sacas fotos en blanco y negro, algunas casi irreconocibles por el paso del tiempo.

En algunas aparecen dos niñas, una mayor con una pequeña coleta. Mi hermana. Y otra algo más pequeña y espigada, esa reconozco que soy yo. Me dices que somos nosotras de pequeñas. Empiezas a sacar parecidos, y descubres, que Ana se parece a tú hija...Su mirada y sus gestos . Y hasta su pelo son iguales, que los suyos.


Y comienzas a recordar cuando mi padre y tú erais jóvenes.

 

Rebuscas por la vieja caja y me enseñas, una foto de hace más de cincuenta años. Me dices que eres tú y papá. El hombre joven, alto, bien vestido y sonriente es mi padre. En nada se parece al hombre de pelo blanco, fuerte y trabajador, que nos dejo...hace ya algún tiempo. Y aquella guapa mujer, alta, de ojos verdes, apenas casi ni la reconozco. Pero aún te queda la belleza y el coraje.

 

Me hago la fuerte, e intento disimular mi dolor delante de ti. Pero estos recuerdos me hacen daño.

Me sonríes, pero tus ojos no reflejan alegría, están tristes.

 

Quieres marcharte. No se adonde. Pero yo no quiero.Eres la única persona que me queda de la feliz familia que tanto recuerdas.


Por eso seguiré escuchándote, aunque a veces no te oiga. Y te diré un hasta mañana desde mi ventana. Aunque se que algún día...Será un adiós para siempre.

 

Pily